La solidaridad hace aguas

March  2015 / 5 No Comments
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Estos primeros días de marzo vienen marcados por unas inminentes fiestas de la Magdalena y Fallas, celebraciones que nuevamente, un año más, se tocarán en el calendario; ya queda poco para la fiesta y, según parece, bastante más para que algunos empiecen a aprender a evitar el ridículo, en la lengua que sea; porque el esperpento, lo grotesco, no conoce gramáticas.

Y sí, estamos en marzo, con un pie en una primavera que, si no se remedia —que no parece— será una nueva estación seca en un tiempo donde hablar de solidaridad entre los territorios es como predicar en el desierto. En estos días, especialmente en estos días, es un contrasentido hablar de solidaridad en un país que sufre, a la vez, riadas y escasez de aguas; que reparte sacos terreros para contener un río, mientras reparte camiones cisternas en medio de un secarral.

Es lo que pasa cuando de la ideología ciega se hace bandera o los intereses partidistas zurcen las pasiones. Es lo que pasa; y eso pasó el día en el que el agua, ese bien escaso pese a los campos anegados de hoy, desembalsó los límites de la razón para convertirse en acicate político.

A buen seguro, aquel pretendido gran trasvase del Ebro a tierras levantinas no hubiera podido contener el volumen del deshielo y precipitaciones en los huertos navarros y aragoneses de hoy, pero nos hubiera aliviado esa sed de solidaridad que hoy padecen éstos y todos los territorios.

Y hasta aquí hemos llegado, con un Estado pretendidamente moderno que reparte tantas ayudas por daños por inundaciones como por sequía; en un país donde se dan tantas riadas antológicas como sequedades históricas.

Así es. Y mientras, siempre habrá algún ‘salao’ que nos enseñe las virtudes de un mar desalado de recursos que nos vacíe la cartera. Ya me lo decía un viejo campesino, de esos que labran la tierra entre secano y secano, con las esperanzas puestas en barbecho: la única ventaja de un contribuyente es que lo mismo pagas una muela que un diente.

Más solidaridad entre los vecinos y menos localismos, es mi deseo para el hombre y la mujer del tiempo… no atmosférico.

Que pasen un buen día y, si les llueven buenos deseos, que sea a cántaros.



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