En primera persona del plural

February  2015 / 3 No Comments
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Cuando los ecos de la ‘manifa’ del pasado sábado aún colea en los medios, hemos sabido que un viejo conocido de la esfera internacional ha decidido subirse al tren de la primera persona del plural, esa conjugación que hoy parece abarcarlo todo en política.

El líder iraní Ahmadineyad crea la web ‘Vendremos’; un término que se suma a los podemos, ganemos o decidamos, que tanto se dejan notar estos días previos a las citas con las urnas. Es la eclosión de una primera persona del plural que, etimológicamente hablando, procede del ‘nos’ latino’ y que viene a proclamar la colectividad del ego. Pues ego, ego, veo mucho estos días en la cosa pública, porque si hablamos de política, parece que seguimos prefiriendo hablar de nombres y no de programas o programas-previos.

Es más, si dan un repaso a las distintas formaciones, salvo alguna rara excepción, de lo que hablamos es de candidatos o formaciones candidatas, pero poco o casi nada de lo que estas agrupaciones nos van a ofrecer para poder, así, decidir nuestro voto.

Porque ya no hay izquierdas ni derechas; sí sabemos que los extremos siguen dándose la mano; que el centro continúa siendo ese gran caladero donde pescar votos y que todos reivindican con más o menos disimulo.

¿Y algún mensaje nuevo hasta ahora?; poco o casi nada. Cualquiera que haya repasado la historia de los últimos cien años, veremos que poco o casi nada hemos avanzado, que la derecha tradicional sigue siendo esa fiel aliada del capital a la que nos tiene acostumbrado, con sus ventajas e inconvenientes; o que la nueva izquierda vuelve a sus viejos mensajes de que los poderosos paguen y el Estado… subvencione.

¿Y mensajes en clave municipal o autonómica?; pues la firme apuesta por la renovación; eso sí, con las mismas caras de hace un cuarto de siglo, porque eso de la política, además de ingrata para el buen cumplidor, es hoy una profesión sin derecho a jubilación.

Espero que de aquí a elecciones, la cosa se aliñe con nuevas propuestas que nos saque de los libros de historia y nos dé algo más que alimentar ese ego que, a veces, tanto nos ciega y, casi siempre, nos emprobrece.

Pues eso, no ensalcemos tanto la primera persona y demonicemos, con la misma vehemencia, la segunda y tercera, que todos podemos ser hijos del mismo verbo.



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