El brasero electoral

February  2015 / 16 No Comments
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Con los sabañones propios de un fin de semana helado, llegamos hoy bien provistos de las erupciones dialécticas que viene dejando el debate político. Y más en un año como éste, en el que hay que encender hasta cinco braseros electorales y donde, seguro, no faltará quien atice las brasas del desaliento y la sospecha.

A poco de terminar la feria Cevisama en Valencia y a poco de hacerlo otra importante cita ferial como es Fitur, se vuelve a incidir en la necesidad del Corredor Mediterráneo como eje fundamental para el desarrollo de nuestra economía, en el refortalecimiento de la infraestructuras y en la posibilidad de convertir el Aeropuerto de Castellón en un aliciente más para la internacionalización de nuestras empresas. Dicho así queda todo políticamente muy correcto, pero este mensaje ya resulta demasiado repetitivo, cansino incluso; lo que me lleva a pensar que, o bien hemos avanzado poco o bien a los discursos públicos les falta un soplo de aire fresco.

Como uno es libre de elegir, me quedo con lo segundo, en la inercia de la costumbre, lo que es más grave aún cuando en la confrontación política han aterrizado nuevas propuestas que han hecho al Partido que gobierna, menos popular; que el Obrero y Español abandona el Partido Socialista, que la Izquierda está hoy desUnida, que incluso Ciutatadan’s se dobla al castellano, que UPyD pierde la U o que el Bloc toma la Iniciativa en una enrevesada pirueta identitaria.

Y en medido de este revuelo, los que apuestan por la simplicidad política, los que prefieren no hablar de izquierda y derecha, ni chicha ni limoná, los que prefieren decir lo que todos queremos escuchar; y ya está. Para qué complicarnos los discursos. Ya lo decía un viejo chiste que situaba a un joven Fidel Castro en su eterno atril -durante un mitin- mostrando su enorme orgullo de haber conseguido que en su país nadie se acostaba sin cenar. Fue entonces cuando un joven asistente, que hoy estaría afectado por una grave carencia de vitamina d en las mazmorras de palacio, le interrumpió. “Comandante, yo no he cenado”. A lo que el legendario personaje le dijo: Pues no te acuestes.

La brutalidad del mensaje es directamente proporcional a su simplicidad; pero es lo que nos vemos abocado no tanto por el mérito de los charlatanes, sino por el demérito de quien tiene la oportunidad de llevar su mensaje a la calle y prefiere perderse en las moquetas institucionales y los pasillos de la incomprensión.

Que pasen un buen día y, sobre todo, no se queden solo en la apariencia, tengan curiosidad por conocer, porque más vale parecer tonto y estar callado… que abrir la boca y disipar las dudas.



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