El gran atracón
A los aromas propios de nuestras ciudades, donde no hay rincón que se resista al hedor que desprenden las gotitas de urea impresas de inocentes canes, de los efluvios del anhídrido carbónico de los acelerones del progreso, llega con todo su esplendor, estos días, esa fragancia preelectoral que acompaña cada palabra, cada gesto, incluso cada silencio.
Y entre la pestidez que emanan las últimas corruptelas, sale el mensaje diáfano de quienes están y quieren seguir, de quienes procuran estar y no estarán o de los que buscan estar y, de paso, echar… a los que están. Todo un abanico de opciones que hablan de galaxias populares, de renovaciones permanentes, de oportunidades o de oportunistas.
Hoy lunes es un día más en una carrera electoral, un viaje de más de medio año, que lo inunda todo y donde el mensaje sale de entre líneas para abarcar los titulares.
Siempre se ha dicho, en este periódico ambular hacia ese metacrilato con ranura, que nos jugamos mucho, que el futuro está en nuestras manos, se ha hablado de la importancia de cada momento, pero está claro que los últimos acontecimientos, tiempos embadurnados y sometidos a los efectos devastadores de una crisis, de desafíos impensables, de movilizaciones y rebeldías, la cosa cambia, porque ahora se habla de cambiar o no el sistema que conocemos, incluso de nuestros modos de vida.
Y eso crea tantas nuevas expectativas como viejas frustraciones.
Sí, la campaña electoral ya está aquí y lo hace para quedarse por un largo tiempo, un generoso menú que deberán procurar administrar ya desde estos aperitivos, porque si hoy se dan el atracón en lo que son los entrantes, no habrá estómago que pueda con lo que vendrá calentito en el paellón.
Que pasen un buen día y que les aproveche.



