De andadores y tacatás
La esperanza de vida de los españoles ha rebasado ampliamente los 82 años edad, según el último informe del Foro Económico Mundial, lo que nos ha situado en el séptimo país más longevo del planeta, sólo por detrás de Hong Kong, Japón, Italia, Islandia, Suiza o Francia.
La ingesta de una dieta equilibrada –como es la mediterránea o los productos frescos– y la adopción de hábitos de vida saludables son, al parecer, la clave de esta evolución en la que mucho tiene que ver la calidad y universalización de la atención sanitaria.
Estos datos, desde luego, son para celebrar, pero nos abocarán a afrontar otras situaciones que tendrán que ver con la sostenibilidad del Estado de bienestar, como es ampliar la edad de jubilación y que, de manera irremediable, deberán acometer los próximos gobiernos. En España vamos camino de consumir más pañales para la incontinencia en adultos que los clásicos destinados a bebés, también llegaremos a ver más andadores que tacatás en nuestros parques, y esto tendrá un coste social importante.
Además, este futuro país de jubilados verá cómo se eleva la incidencia de dolencias y enfermedades asociadas a la tercera edad y hay que velar por la calidad de vida de los afectados.
Los números son los números y la política hoy prefiere pasar de puntillas en un asunto que tiene enorme trascendencia, porque tan importante es resolver los problemas de hoy como prepararnos para lo que se nos avecina. De momento, en política hemos optado por el ‘cortoplacismo’, pero tarde o temprano nos daremos de bruces con una realidad que no sabe de chupetes y sonajeros, sino de implantes, prótesis y almohadillas.


