Bajada de pantalones

febrero  2015 / 27 0 Comentarios
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A estas alturas de precampaña, resulta especialmente llamativa la estética que lucen nuestros candidatos, un aspecto puramente formal que los estrategas tienen siempre muy en cuenta. Lo hemos podido ver nuevamente en cada una de las citas y reuniones públicas que se han sucedido a lo largo de toda la semana.

Los nuevos tiempos de la política, esa que ha nacido al amparo de la crisis, de los recortes, de los ajustes, de los excesos, de los pasillos y corrillos, de la deslenguada opinión de los contertulios, de la charlatanería y la demagogia bien fundamentada; esa nueva política, digo, reniega de las marcas como de la peste; porque hoy un cocodrilo en la solapa puede morder y tragarse el buen nombre de quien lo viste; no son tiempos para lucimientos y sí para dejar ver el gusto por la marca blanca, más popular, más acorde al corset que impone la austeridad.

Nada de marcas, que no sean blancas, y nada de corbatas que indiquen una estética demasiado institucional y alejada de la calle. Pero esto no es nada nuevo, ya los ‘felipes y guerras’ de turno partieron la pana en los ochenta al grito del cambio. Hoy vemos cómo la pana se hace vaquera, los trajes pierden dos tallas o los vaqueros alargan su tiro hasta difuminar los traseros, camino de la rodilla. Es la nueva estética en política, como hemos podido comprobar estos días.

Porque hoy, el mensaje sigue siendo importante, pero las apariencias ganan terreno en un tiempo en el que manda lo visual, lo puramente formal. Es decir, se gana o se pierde más por la vista que por la solidez de los argumentos. Así no extraña ver camisas sin planchar y mangas roídas en la mesa presidencial de algunos parlamentos, donde la estilográfica ha dejado paso al capuchón del BIC multiusos.

Es la nueva era y, como siempre, hay que estar al día y tener en cuenta que hoy el éxito electoral, en gran parte, va directamente proporcional al tiro de los pantalones; lo peor de todo es que eso de bajarse los calzones nos suena a lo de siempre.

Que pasen un buen día y no olviden apretarse el cinturón, por si acaso.



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