El voto inteligente
Podremos estar de acuerdo que, en política, los sondeos más fiables son los votos que se cuelan por la estrecha ranura del metacrilato en la misma jornada electoral; es una obviedad como un templo, pero también es el recurso fácil de quien no se ve beneficiado en las encuestas.
No seré yo quien ponga en duda los resultados de estos estudios demoscópicos, tampoco haré sangre de quien no ha sabido sacar rédito electoral a sus posibilidades; lo que sí me gustaría incidir es en la evolución de estos estudios.
Ha pasado mucho tiempo desde que conocimos aquellos sondeos que presagiaban —con acierto— un vuelco electoral en las últimas elecciones europeas, con resultados asombrosos en cuanto a la irrupción de nuevas fuerzas.
Desde entonces, muchas cosas han cambiado, pero no todo lo que en principio se decía. Los últimos datos del CIS corroboran tanto la preminencia de dos partidos —PP y PSOE— como el buen posicionamiento de dos nuevas fuerzas —Ciudadanos y Podemos— y el hundimiento de IU y UPyD. Se trata de un medido equilibrio de fuerzas de centro-centro derecha y centro-centro izquierda que si, se hiciera a propósito, no saldría con la misma precisión.
Todo ello viene a reafirmarme en la convicción de que el voto del español es inteligente; que cuando se necesita un cambio, hay alternancia; que cuando hay que dar un toque de atención a la clase política, se da sin tapujos; que si hay que premiar una gestión, se renueva la confianza.
Los sondeos han evolucionado porque la percepción de la ciudadanía de la realidad evoluciona, porque los políticos evolucionan, porque los comunicadores y las comunicaciones adaptan su tesis. Nada es eterno en democracia y España es una democracia, sí tan imperfecta como todas, pero esa es su grandeza.
No sé quién ganará o perderá el 24 de mayo, pero seguro que el voto de la gente nos volverá a dar una lección a todos, estemos de acuerdo o no.


