Albardas para 2015

diciembre  2014 / 29 0 Comentarios
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En este lunes, adormecido aún por los excesos y con la razón dispersa por el atragantamiento navideño, retomo aquella vieja creencia cervantina de que no ha lugar pensar en nada nuevo si es con el estómago lleno. Porque si el hambre aguza el ingenio, la inmensa mayoría de los que nos consideramos afortunados debemos rozar la idiotez.

Tras esta reflexión y pese a los viejos hábitos que nos saturan el buche de caldos y viandas, llega el momento de llenar los cuencos de buenos propósitos para el nuevo año, esos que casi nunca se cumplen pero nos sirven para apaciguar nuestras inquietudes o edulcorar las malas conciencias.
Sí, visto lo que se avecina, el próximo año será ese gran acto de contrición que nos hará arrepentirnos de las culpas cometidas.

2015, año de elecciones municipales, autonómicas y generales, se presenta como el año del arrepentimiento, del firme propósito de no volver a pecar. Es el momento de decir: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir” tras la caza de elefantes y el inoportuno safari de despropósitos.

El año que empieza en unas pocas horas es un periodo abierto a la reflexión. Todos debemos ser conscientes de los excesos y de las carencias de un tiempo marcado por una crisis que si ha llenado algo, ha sido las calles de nicotineadas terrazas, que las únicas grúas que han sobrevivido son las municipales, que los ladrones ya no llevan la cara tapada y visten traje de Armani y guante blanco.

Este tiempo nos ha enseñado que no todas las grandes obras son amores y tampoco buenas razones, que no necesariamente a quien buen árbol se arrima buena sombra le cobija ni todos los gatos son pardos.

El problema de hacer tabla rasa es que, como decía aquel manco universal, la culpa del asno no se ha de echar a la albarda o los duelos con pan, son menos duelos.

Así que 2015, aunque sea por aquello de llenar los bolsillos de buenos propósitos, seguro que merecerá la pena vivirlo con la intensidad de los buenos momentos, desprovisto de rencillas y con el deseo de levantar puentes y eludir murallas.

Apuren el último trago de este 2014 y destapen el corcho de la felicidad para un 2015 lleno de buenas razones.



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