Santas Pascuas

enero  2015 / 5 0 Comentarios
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Republicanos, monárquicos, agnósticos y creyentes, bichos de diferente fauna acogen hoy con regocijo la llegada de los Reyes Magos que, si lo son, son por el don de la ubicuidad que tanto les caracteriza. Su omnipresencia les hace estar al mismo tiempo en muy diferentes lugares, se les puede ver a la misma hora por la Castellana madrileña, al pie de la Giralda sevillana, viajando en TRAM por las calles de Castellón o botando a ritmo de tirorí tirorí en Vila-real.

Siempre me ha atraído esta capacidad que tienen estos entrañables personajes de estar en muchos sitios a la vez, una circunstancia de la que fuimos plenamente conscientes con la llegada de la televisión. Desde ese momento pudimos ver al mismo tiempo imágenes de las cabalgatas de todo el mundo mientras que por la ventana los veíamos pasar al lado de casa. La explicación era sencilla: son Magos. Cómo, si no, se puede entender este hecho tan fantástico.

Y una segunda cuestión: ¿Cómo saben estos Reyes si realmente nos hemos portado tan bien como decimos en nuestras cartas? Pues sencillo, son Magos, lo saben todo porque todo lo ven.

Y aquí quiero llegar. Porque este año no les he pedido nada del otro mundo. No quiero el último grito de nada, ni cualquier juguetito de esos que nos tienen últimamente tan embobados, nada de carbón vegetal ni cáscaras de huevos, confieso que tampoco les he pedido esa paz y ese amor cuando en realidad lo que se pretende es cubrir las apariencias.

A los Reyes, por Magos, por esa capacidad que tienen de ver lo que otros no vemos, este año les he pedido información. Sí, información, que me digan qué hay de realidad y de mentira en todo aquello que nos rodea, porque esas confidencias me permitirán conocer nuestro mundo, especialmente aquello que tiene que ver con los excesos cometidos, por esas manos metidas donde no toca, de engaños y desengaños, de enemigos íntimos o falsas monedas de curso legal.

Entiendo que será complicado convencer a los tres, Melchor, Gaspar y Baltasar, de que larguen por su boquita y seguro, seguro que alguno de ellos me podrá decir que son Magos, pero no Chivatos. Ante esta posibilidad siempre tengo la opción de llevarlos a los tribunales ordinarios -puesto que son de los pocos en este país que aún no están aforados- y hacerlo por un presunto delito de ocultación y complicidad. De su imputación o no dependerá no sólo la magia, la creencia, la ilusión o la confianza en el futuro, sino también nuestra capacidad de regeneración, esa que nos permitirá convencer a las Evas de turno para que no muerdan la fatídica manzana. Y para eso, no veo que haga falta cargarse todo el Viejo Testamento ni las Sacrosantas Escrituras. Basta, si acaso, con remodelar -tunear- algún denostado versículo, santas Pascuas y Amén.

Entre tanto, no pierdan la ilusión, Felices Reyes y, ya saben, no olviden dejar bien visibles esta noche sus zapatos, zapatitos y zapatones, por si acaso aparece la Magia.



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