Un día de suerte
Están de suerte, hoy apenas le hablaré de fútbol y eso que estamos a pocos días de que termine el plazo de fichajes de invierno y con las malas artes que exhiben algunos peloteros, la cosa daría para hablar y hablar mucho.
Sí. Hoy están de suerte, porque ni siquiera les hablaré de política, al menos de la política de altura y eso, como está el patio, ya es para colgarse medallas a quien tanto le gusta el vértigo.
Pero si ustedes hoy están de suerte, les diré que, para fortuna, la mía. Sí, porque dice la sabiduría popular que los mejores presagios llueven sobre quien, de forma accidental, posa su peana sobre la resbaladiza superficie que siempre deja el detrito de un animal. Podría decirlo más claro, pero a poco del ecuador de sus almuerzos, mejor echar mano de la literatura, que resulta… más llevadero.
Así que me voy a consolar con aquella melodía del cantautor y me pondré a pensar que hoy puede ser un gran día y así, me lo planteo. Porque espero tener la suerte de que, de cara a los próximos comicios municipales, por una vez los que tiene que hablar ahora se olviden de los asuntos de Estado y traten cuestiones de andar por casa, que los concienzudos programas políticos terminen con esta tarifa plana de repartos de fortunas en el acerado, de los restos del último chicle mascado en el incivismo o que haya quien vierte su flema sobre una vía, ya cargada de zurullos, deyecciones, babas y espuma en una moda que parece irreversible. Y si no, vean cómo se escupe en cada plano, tras cada carrera, en los verdes campos de fútbol.
Sí. Les invito a echar mano de las matemáticas; con sólo que un jugador de Primera División carraspee una vez en un encuentro, tendremos primeros planos de, al menos, medio centenar de espumarajos. Así que multipliquen el ejemplo que estamos dando a nuestros jóvenes, tan fieles a las modas y a no insalivar su natural rebeldía.
Vaya, a estas alturas y en poco más de diez líneas de texto he incumplido con mi palabra, al final he terminado hablando de fútbol y política. Malos augurios para un día que tanto prometía. A ver si al menos en las futuras ordenanzas municipales se vigila unas prácticas que poco o nada tiene que ver con la crisis de la deuda, los datos macroeconómicos, las cuestiones territoriales o los conflictos geoestratégicos. Nada que ver, pero al menos habremos conseguido algo más de decoro y civismo, una ensalada de buenas prácticas que por mucho que comamos, no empacha.
Les deseo lo mejor para este día y si ven un rincón libre de micción, tendrá la suerte… del campeón.


