Política y herencias
Entramos en la recta final de un largo enero que enfría el rostro y no da ni para caramelos, un periodo que se abre estos días con el claro posicionamiento de quienes aspiran a colocarse en el podium electoral.
Como bien saben, este año tendremos más papeletas que nunca para escoger la opción que más nos guste o desechar la que más nos disguste.
Y no serán las únicas, porque papeletas tendremos antes en los procesos de primarias, en los que algunos se encuentran hoy inmersos.
La baraja de opciones políticas se amplía, pero no será ésta la única particularidad que destaca de las inminentes elecciones; la novedad estriba en los mensajes. Sí, en los contenidos, porque difieren mucho con respecto a los que estábamos acostumbrados en anteriores ediciones.
Los años de estrecheces económicas y los abusos de unos cuantos nos han hecho ser más cautos, la clase política también, especialmente a la hora de hacer propuestas difícilmente alcanzables. Como anécdota, no hace tanto, había alguna formación que, en su programa, proponía crear una playa nudista junto al Grao de Castellón. No tengo nada en contra de la idea, pero pensar hoy en esto, con el frío que hace ahí fuera, es, como poco, una osadía.
Por otro lado, hoy es más fácil oír a un gobernante, si no rectificar, al menos, modular sus propuestas. Porque eso de tirar la casa por la ventana es de otros tiempos. La austeridad se mide al milímetro tanto como la política de gestos.
Y sí, es una campaña electoral muy diferente porque los que gobiernan, sean del partido que sean e independientemente de las instituciones que se muevan no van a apelar tanto a la herencia que dejan, al legado de logros de su acción de gobierno ejercida a lo largo de la presente legislatura. De lo que harán gala será de la gestión de la herencia recibida, de las medidas correctoras a las que se han visto abocados tras el desmadre que nos llevó a una crisis que ha llenado el tablero político de nuevos jugadores y nuevos rostros.
Herencias envenenadas que tienen que ver con el uso y abuso de otras épocas y que ha sido preciso gestionar en estos cuatro años; hay que reconocer no sin un enorme esfuerzo por parte de todos.
Y ahora toca decidir, pero lo que se valora no es el legado recibido, sino la gestión de estos cuatro últimos años; la legislatura anterior ya tuvo su evaluación final y es cosa del pasado.
Enhorabuena a los que disfrutan de la política, porque en los próximos días, semanas y meses, política tendrán para rato.


