B.B. King
B.B. King no ha muerto hoy, ni creo que lo haga nunca mientras sigamos balanceando levemente los hombros con la mirada perdida y disfrutando con su voz desgarradora y el punteo de guitarra que son soplos de vida.
Fiel amigo del suave compás que acompañaba mis estudios, del vinilo y aquellas primeras grabadoras compradas de extraperlo en Ceuta, de aquella lengua desconocida al inglés subtitulado. Del cassette al digital hasta llegar a la nube. Y así hasta el mismo cielo en el que hoy te encuentras… para siempre.
Dicen por ahí que nos has dejado, pero no es verdad, Lucille vive y suena, tal como lo ha venido haciendo, entre las gotas de sudor sereno, los dedos ensortijados y las muecas de una voz que nos arrancaba el ánimo, la admiración y los aplausos.
Hoy, mañana y siempre volveremos a enmudecer con la guitarra que nos hablaba de Caldonia, del pequeño diablo, de la etapa dorada de la juventud o del mundo que nadie hizo.
Si la vida es una calle, estoy seguro que tú no has llegado al final; quizás estés dando la vuelta a la manzana.


