La fiesta del agua
Aunque a estas alturas del otoño aún no hemos visto ranas con cantimplora, ni procesiones marianas y ruegos al santo para pedir por unas lluvias que se resisten a visitarnos, la cosa va camino de convertirse en un grave problema para nuestros campos y para nuestros grifos.
Las precipitaciones caídas en otros lugares de la península Ibérica se han olvidado de nosotros y esto ya comienza a inquietar a quienes esperan un alivio que no llega, a preocupar a aquellos fieles que clavan su mirada al cielo en busca de esa nube celestial que satisfaga sus deseos.
Y todo esto ocurre varios años después de construirse unas desaladoras que eran la respuesta ecológica a un Plan Hidrológico Nacional que, como ambicioso proyecto en su día, basaba su desarrollo en el trasvase de cuencas y en la solidaridad interterritorial. Pues bien, a día de hoy no tenemos agua de desaladoras, ni trasvases y mucho menos, solidaridad entre los territorios.
Ya lo dicen los del terruño, esos que clavan sus posaderas en el secano, si no hay entente no hay presente. Así el Plan Hidrológico se olvidó de algo fundamental: se habló demasiado de política, de desarrollos e intereses urbanísticos y poco o nada de las personas, de los agricultores, de las gentes que viven a este lado del país. No hubo paz para los que trataron de buscar consensos imposibles, como no hubo paz para los que hablaron de solidaridades entre regiones, pueblos que nada tienen que ver con las fronteras administrativas.
Poco después, llegaron las desaladoras a golpe de talonario y fondos europeos, como antídoto de unos trasvases que, si algo canalizaban, era la confrontación social. Y así vivimos hoy, a la espera de que se pongan en marcha unas instalaciones que nos permitan rebajar la dependencia del cielo, nos ofrezca el agua a precio de oro y nos baje la vista de nuestras lentes progresivas para comprobar la factura de lo que llamamos progreso.
La falta de consenso, el interés partidista o la interesada comunicación nos costará a todos un riñón. Ya lo verán. Hace unos años no parecía importar, éramos -más bien parecíamos- ricos. Ahora, hoy, quién es el guapo paga esta fiesta.
Beban, beban.
Emitido en http://www.ondacero.es/emisoras/castellon/


