Vuelve la política
Hoy hace justamente 38 años, los españoles protagonizaban un referéndum, sí una consulta de esas que determinan el futuro de un país, en la que se votaba sobre la ley para la reforma política, que sería, por así llamarla, la antesala de un nuevo modelo político en España: la democracia.
Entonces, pocos conocían el verdadero sentido de esta palabra. Cuarenta años de dictadura y una historia plagada de convulsiones políticas y enfrentamientos ideológicos nos habían cerrado los ojos a la posibilidad de encontrar un marco de convivencia lo suficientemente garantista como para no hablar de vencedores ni vencidos.
Fruto de aquel 15 de diciembre de 1976, cuando aún los cortesanos de la época no se habían quitado el luto por la pérdida de su caudillo, se abrió un periodo de relativa paz y de diálogo entre adversarios que incluso pudo sobrevivir a las contundentes armas del caos que promovían el terror y la vuelta a épocas oscuras.
Treinta y ocho años después, la decisión de todo un pueblo, que hoy algunos tachan de ignorante, permitió ese pretendido marco de convivencia, universalizó servicios básicos como la sanidad y la educación y ayudó a situar a la mujer en el sitio que le corresponde, hasta el punto de que hoy ellas son mayoría en nuestros campus universitarios, esa maqueta del conocimiento que perfila nuestro futuro colectivo y del que, como siempre suele pasar, salen y saldrán los nuevos líderes.
Y llegados aquí, hoy 15 de diciembre de 2014 nos vemos metidos en otro periodo político, que rezuma transcendencia.
La crisis, haya pasado o no, esté aún pasando o que seguirá, pase lo que pase, ha vuelto a poner la política en el sitio que un día ocupó, como esa herramienta que nos permite pensar que las cosas pueden cambiarse, que las personas pueden llegar a tener el control de los acontecimientos o que los malos hábitos pueden corregirse si hay voluntad para ello.
Y digo todo lo anterior porque celebro este nuevo tiempo, porque veo que, tanto a un lado como a otro, veo propuestas a todos los niveles, veo acción política y ganas en las distintas formaciones de cambiar tanto lo de fuera como lo dentro. La gente ha vuelto a hablar de política y eso está bien, porque ello supone interés y ganas de participar en un debate necesario en un modelo como éste, al que tanto daña la indiferencia.
La recuperación de la política. Quizá sea ésta la única lectura positiva de una crisis que ha abierto profundas heridas, llagas que hoy todos dicen ser conscientes de la necesidad de curar para evitar esa gangrena económica que estos días asoma entre las milenarias piedras, sí al otro lado del Mediterráneo, en aquella vieja polis, cuna de lo que hoy etimológicamente conocemos como democracia.
Espero que la disfruten.


