Perdida la honra…
Conocido hoy el enésimo escándalo que salpica al Partido Popular de la Comunitat Valenciana, con la paradójica detención del máximo responsable del orden público en este territorio, aquí ya no hay que hablar más, sino vestirnos el mono de trabajo y ponernos a la faena para apartar a los indeseables de la política, pero con la suficiente precisión para no convertir todo esto en un juicio sumarísimo, donde confundir víctimas y culpables.
Entiendo que a nadie debe interesar más acabar con esta lacra que a los propios partidos donde se da. Lo que falta, o lo que se demanda, al menos, es mayor determinación contra unos sujetos que utilizan su cargo público para llenarse los bolsillos de desvergüenza. Me resisto a pensar que un partido es corrupto, porque no es así; y usar palabras gruesas contra el conjunto de sus miembros no hace sino catalogar la mala fe de quien las promueve.
Eso sí; nadie tiene más responsabilidad en esta indecencia que aquellos dirigentes que han preferido mirar hacia otro lado o han sucumbido al silencio cómplice, todo a cambio de mantenerse en una cresta política que hoy se les atraganta y nos ruboriza a los que siempre, siempre, hemos confiado en la bondad de las palabras y en la razón de los hechos.
Con todo, me alegra saber que la ley actúa con la determinación que requiere el momento y espero que no ceje en su empeño de limpiar las alcantarillas; porque una vez perdida la honra, la única manera de recuperarla es a través del trabajo y la confianza en la justicia, y esto ya lo dijo un conocido caballero en un viejo Cantar.
Lo que ocurre hoy es, desde luego, otro cantar.


