Entre pitos y flautas

junio  2015 / 1 0 Comentarios
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Entre pitos y flautas, prefiero la travesera, ese instrumento de viento-madera que requiere de la formación, la técnica y el tesón que viste a los que disfrutan del buen arte y menosprecian el ruido. 

Nunca me he sentido atraído por ese don de quien pliega la lengua, frunce los labios y, con la misma falange que exhibe la provocación, lanza al aire la rabia que envilece su malestar.

Porque hay quienes ponen corazón, con ese dedo medio que, a modo de arma no arrojadiza, enfurece, exaspera o encorajina.

Admiro, en cambio, a quien prefiere levantar el pulgar del acuerdo, de la complicidad y la camaradería. Incluso a los que muestran ese índice que enarbola el reto conseguido, de la reivindicación o el compromiso del voluntario.

Porque más que corazón, prefiero ese anular que exhibe el aro de los sentimientos o la sortija del cariño. Y más que corazón, por qué no el meñique, ese benjamín de la estabilidad en el amarre y, para muchos, incansable paladín del cerumen.

Y es que, entre pitos y flautas, prefiero la mano extendida.



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