Pactos en el cuarto de baño

junio  2015 / 9 0 Comentarios
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Lo que está ocurriendo con los pactos poselectorales es como realicatar un cuarto de baño. Y mal se empieza si empezamos por las juntas y no por cimentar el azulejo.

Son muchas y diferentes razones las que mueven a uno a tomar la decisión de cambiar la fachada a tan concurrido como íntimo habitáculo: por motivos estéticos, cansados de ver las mismas filigranas de siempre en el fragor de cada esfuerzo; o razones de decoro, que tienen que ver con la subsanación de los defectos, la eliminación de la mugre que siempre deja el paso del tiempo.

Y para menos filigranas y mugrientas herencias se han creado los pactos, esos que nos permiten redecorar nuevos escenarios que nos hagan olvidar el poso clorado. Y para alicatar, qué mejor que empezar por amasar la mejor mezcla de ese pegamento que nos permita fijar un nuevo escenario. Y hacerlo con la suficiente celeridad como para que la masa no apelmace las ilusiones de quienes soñaron con un nuevo mural cerámico.

Y sí, se ha secado el cemento sin abrir el embalaje del azulejo, mientras nos empeñamos en seguir rejuntando con brocha gorda donde se requiere el pincel del arte final, ese que dibuja la responsabilidad y el gesto generoso.

Así que lo mejor es pactar; dar una oportunidad al acuerdo y no tirar de la cadena de siempre que pone el epílogo o consuma el fracaso.



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